Tánger, frontera a la inmigración

La primera barrera

Fotos: Fito Carreto - texto: Manolo Fossati Publicado: 28 de enero de 2018

Un salto muy largo

El Estrecho de Gibraltar no tiene más de 14,4 kilómetros de ancho, pero para muchos inmigrantes es una distancia insalvable o una trampa mortal.

Una mano amiga

La catedral y el convento franciscano son una ayuda segura para los subsaharianos que esperan en Tánger a cruzar el Estrecho. La Delegación de Migraciones del Obispado siempre atiende la llamada.

Puerta a la esperanza

Un grupo de subsaharianos esperan a ser atendidos a la entrada de la cripta de la Catedral de Tánger. Los lunes se reparten turnos de atención para toda la semana.

Atención a las mujeres

Uno de los proyectos del Obispado es la atención a las inmigrantes subsaharianas, que va desde grupos de apoyo psicológico a la atención a bebés y cursos de idiomas.

El mediador social

Régis Ursule Effaa, camerunés, es uno de los mediadores sociales con los inmigrantes. Acompaña a gestiones o al médico, lleva ayuda a los campamentos en los bosques, evalúa peticiones de ayuda, es la comunicación de la Delegación con los subsaharianos.

Haja y Mustafá

Dos de los trabajadores marroquíes de la Delegación de Migraciones hacen un alto para fumar, en un momento de descanso dentro de su trabajo, sobre todo administrativo.

Formación sin doctrina

En la Delegación se atiende y forma a hombres y mujeres sin mirar el dios al que recen. En la imagen, una pizarra en la sala donde se reúnen grupos de subsaharianas para hablar de su problemática específica.

El duro camino

Los inmigrantes llevan poco en su camino. En la catedral se les da ropa limpia y ducha. Muchos, como Ahmed, sufren torturas y malos tratos por parte de la Policía marroquí. Aun así, mantiene la esperanza de embarcar y reunirse con su abuelo en Zaragoza, donde está seguro de encontrar trabajo.

Mohamed Amin

Artista y futbolista, espera en la cripta de la catedral su turno para ser atendido. Su objetivo es cruzar a Europa después de salir de su Guinea Conakry natal y cruzar Malí y Argelia para llegar a Marruecos.

Habitaciones y alquileres

El mediador Régis Ursule Effaa visita el minúsculo cuarto que habita una mujer sin medios, con el amigo que la recogió en la calle, y que ha solicitado ayuda para pagar su parte del alquiler. En la segunda foto, imagen de la habitación donde viven los dos.

La sociedad ajena

Un herrero en su taller cercano a la medina de Tánger. Los marroquíes no contratan a inmigrantes, que se ven forzados a mendigar o a trabajar de manera clandestina, lo que impide su establecimiento e integración en el país.

Difícil convivencia

Un subsahariano, cliente del restaurante senegalés Chez Kebe, se levanta al paso de un funeral marroquí en la medina de Tánger. Muchos inmigrantes viven en el interior de la medina, pero no están integrados. En el restaurante no entran marroquíes.

Esto no es África

Los marroquíes, en su mayoría, no se consideran africanos. El Rey Mohamed VI está dirigiendo sus discursos ahora a fomentar el sentimiento de 'africanidad' pero aún con escasos resultados. En la foto, dos mujeres cubiertas pasan ante una tienda de moda en Tánger.

El otro lado de la vida

Dice Régis, el mediador, que si los subsaharianos encontraran trabajo e integración en Marruecos "no tendrían ese ánimo ciego de echarse al mar y remar a riesgo de perder la vida. Si lo hacen es que atrás no dejan nada". En la foto, vista del Estrecho de Gibraltar desde los salones del ferry Tarifa Tánger.